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El “Contigente Frontera”
pretende mejorar la calidad de vida de los niños de
Santa Victoria Oeste, provincia de Salta, resaltando
sus mas ancestrales valores para no modificar sus costumbres
y cultura en general.
Breve Historia:
Nuestro grupo, al que denominamos “Contingente
Frontera” comenzó en 1979, en el marco
del “Operativo Argentinos Marchemos hacia Nuestras
Fronteras”, organizado por el Ministerio de Educación
de la Nación y Gendarmería Nacional. En
su inicio comenzamos apadrinando formalmente a través
de un acta de compromiso a la Escuela N° 4524 de
La Huerta, Santa Victoria Oeste, Provincia de Salta.
Luego al ver las necesidades de la zona nos fuimos expandiendo
a otros rodeos y así apadrinamos en 1981 la Escuela
N° 4389 Combate de Acoyte, en 1987 la N° 4172
del rodeo de Papachacra y más recientemente,
en 1992, la N° 4544 de La Soledad.
Al poco tiempo del comienzo de esta actividad; nuestra
escuela le dio un perfil propio, reformulando el objetivo
inicial, en otro más amplio. Además de
apadrinar una escuela, integramos nuestra comunidad
educativa con la de Santa Victoria Oeste a través
de un proyecto que articuló la actividad solidaria
y comunitaria con la formación integral del individuo
como persona y como ser social. Actualmente nuestra
actividad es el eje principal del PEI institucional.
Nuestra labor además de contemplar un padrinazgo
maduro y profundo, no se limita al “asistencialismo”,
sino que también destina esfuerzos a la promoción
social de las escuelas y de los rodeos, lugar de emplazamiento
de las mismas. También colaboramos con la biblioteca
popular (creada por nosotros); el hospital regional
de Santa Victoria Oeste, fue y es también un
objetivo para nuestro trabajo, equipándolo en
la medida de nuestras posibilidades con instrumentos
e insumos.
Principales acciones realizadas
hasta la fecha y resultados obtenidos:
En 1979 la tarea esencial fue la del
reconocimiento y diagnóstico de la situación,
en especial del rodeo y escuela de La Huerta. Nos encontramos
con una comarca totalmente aislada, uno de los lugares
de mayor mortalidad infantil del país. El hospital
más cercano se encontraba a 176 kilómetros,
en La Quiaca, a varias horas de camioneta por caminos
que recorren vertiginosas cornisas por la alta cordillera
de Santa Victoria. Esto implicaba una grave situación
de aislamiento.
En 1980 no sólo se atendió a esta escuela
sino que también comenzamos la ayuda al actual
hospital regional, que hasta fines de los ´80
era una sala de primeros auxilios. En 1981 apadrinamos
la escuela de Acoyte y se incorporó al grupo
que viajaba, profesoras y alumnas, lo cual le imprimió
una dimensión mucho más profunda al trabajo
social fundamentalmente con los niños a través
de tareas de recreación y pedagógicas.
En 1982 intentamos fomentar el deporte como instrumento
del desarrollo individual y grupal. Así también
apuntamos a la integración de las comunidades
educativas de todos los rodeos del departamento de Santa
Victoria Oeste iniciando lo que denominamos “Torneo
Anual de la Amistad”, que en 1988 fue declarado
de interés provincial por la legislatura salteña.
En el área de salud y educación realizamos
en las escuelas seguimientos sanitarios y estudios psicopedagógicos
a fin de lograr un diagnóstico de situación
y orientar mejor nuestro trabajo con los niños
y la comunidad. Para esto personal idóneo de
nuestra escuela apoyado en los alumnos del grupo realizan
pruebas, cuya evaluación y diagnóstico
se realizan al regreso de cada uno de nuestros viajes
anuales. Esto constituye un fuerte apoyo para los maestros
del lugar.
Es de destacar que en 1984 la donación de tres
toneladas de semillas de trigo híbrido sirvió
no sólo para la actividad agraria individual
de los pobladores de los cuatro rodeos con los que trabajamos,
sino que también sirvió para implementar
y consolidar la primera cooperativa agraria fundada
ese mismo año en Santa Victoria Oeste, donde
los lugareños podían adquirir cooperativamente,
no sólo las semillas sino también los
conocimientos adecuados para su uso a través
de charlas dadas por maestros agrarios de la zona.
El contacto directo con los niños de las escuelas
y el minucioso relevamiento de datos que hicimos en
el hospital regional y en el ministerio de salud de
la provincia de Salta, nos llevó a asumir la
realidad sanitaria de la zona. Los niños además
de la desnutrición y sus consecuencias sufrían
de sarna, pediculosis y bocio hipotiroideo. Para subsanar
esta situación llevamos en 1986 tres mil dosis
de Detebencil a los fines de tratar los problemas de
sarna y pediculosis. Dimos charlas de prevención
y tratamiento de estos problemas dermatológicos
a los maestros y a los padres, así como también
los capacitamos para administrar la medicación
aportada durante el resto del año. A partir de
esa oportunidad todos los años se llevan refuerzos
de estas dosis sumando nuestro trabajo a la prevención
de algunas enfermedades. Así mismo es de resaltar
nuestra campaña contra el bocio hipotiroideo,
llevando a la zona tres toneladas de sal comercial yodada
para suplementar su déficit, el cual trae aparejados
serios trastornos en el crecimiento y maduración
física e intelectual afectando severamente el
aprendizaje en edades escolares. Conjuntamente realizamos
una campaña para enseñar a tratar las
aguas y las sales de consumo con aceites yodados a fin
de prevenir y tratar el bocio. Logro que se evidenció
en la evaluación clínica de los niños
por los médicos de la zona y en el aprendizaje
por sus maestros. Esta campaña también
se declaro de interés provincial.
En 1988 apadrinamos la tercera escuela, PapaChacra.
Una escuela rancho asentada en un corte de la montaña
que trata con una comunidad seminómada consecuencia
de su actividad agropecuaria. Es en esta escuela donde
comenzamos nuestro proyecto más grande que consistió
en construir la escuela nueva tramitando subsidios,
aporte de materiales, charlas con el maestro y la gente
de la comunidad para el planeamiento la ejecución
y control de la obra: Tarea finalizada en 1997 con la
inauguración oficial de la escuela. En 1994 ante
la falta de agua, las madres, maestros o bien los alumnos
debían bajar mil metros hasta un riacho de quebrada
y volver a subirlos con bidones y baldes para su aprovisionamiento.
Allí iniciamos una obra faraónica para
nosotros. Adquirimos con nuestro esfuerzo y organización
durante varios años, cuatro mil metros de caños
IPS 1 ¼ pulgada termofusión. Se llevaron
a la zona y se planificó junto con la comunidad
y el municipio una red de aprovisionamiento, almacenaje,
tratamiento y riego de agua, para la escuela y las casas
cercanas. Fueron diez años el tiempo que debió
transcurrir hasta lograr nuestro objetivo, el de una
escuela nueva con agua y luz. Pero lo logramos y el
impacto es claro: la gente dispone de agua todo el año
y no tiene necesidad de emigrar del rodeo en busca de
mejores tierras para cultivo y la temporada que se ausentan
por el pastoreo se redujo sustancialmente a los meses
de verano, pudiendo los niños terminar el ciclo
lectivo y reduciendo la deserción escolar.
Paralelamente en 1992 apadrinamos la escuela de La
Soledad, de las cuatro escuelas la de más difícil
acceso, a la que se le llevó entre otras cosas
un generador eléctrico (1996). Lo mismo se hizo
en la escuela de Acoyte (1995) y La Huerta (1999). También
aportamos con trescientos metros cuadrados de chapa
de zinc, tirantes de madera y materiales para la construcción
para los techos de la escuela de Acoyte, así
como también colaboramos en el mantenimiento
(pintura, arreglos etc) y refacciones de las escuelas
de La Huerta y La Soledad.
Fue en estos últimos años que pudimos
concretar tareas mucho más allá del mero
asistencialismo. Somos disparadores de iniciativas para
el progreso de nuestros ahijados con el fruto de su
trabajo, siendo los que intentamos promover la mejora
en su calidad de vida y son ellos y nosotros los ejecutores.
Este último párrafo lo dedicamos a los
miembros del grupo en Bs. As. En todos estos años
de trabajo se encuentran más de trescientos alumnos,
padres y docentes de Moreno que han viajado a Sta. Victoria.
A éstos hay que sumar sus familias, quienes participan
anónimamente. Muchos de ellos definieron su vocación
docente e incluso varios de ellos son maestros rurales,
otros profesionales comprometidos con el país.
El denominador común fue que todo el que pasó
por este grupo adquirió algún conocimiento
o experiencia en la gestión de organización
y control de actividades, manejo de grupos en riesgo,
especialmente con niños, capacitación
en primeros auxilios, tecnologías, entrenamiento
físico de montaña, etc. El enriquecimiento
humano de todo el que viajó es obvio ante todo
lo expuesto. Como se puede apreciar la labor realizada
es amplia y variada, por momentos hasta parezca confusa
la diversidad de lo hecho. Pero es una muestra de las
muchas necesidades de Santa Victoria Oeste y más
aún de la imaginación y participación
de la gran cantidad de gente que aportó “su
granito de arena” en esta tarea.
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